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Cara de mono con pandereta



Hoy, en “autoayuda para bibliotecarios” les dejo este consejo: ponga cara de mono con pandereta. 

El gesto es el de una mirada que, si bien apunta al interlocutor, por dentro está vacía, perdida, y uno es capaz de ver dentro de sus pupilas lo que está pasando en su cerebro en ese momento: un muñeco a cuerda, un mono tocando dos platillos.


La expresión sería lo mismo que “clavar el visto” en las redes sociales, una especie de “te escucho, pero me importa un bledo en realidad”.

¿Para qué sirve este gesto? Para proteger su psiquis y su humor. 

Me explico. Cuando vienen a nosotros con conversaciones de todo tipo debo preguntarme antes de responder o prestar atención, lo siguiente: 


Lo que me está contando 

1- ¿Me aporta de alguna manera?

2- ¿Qué sensación me deja?  ¿esperanza, alegría, miedo, angustia?

3- ¿Es real o es sólo una suposición, una especulación?

4- ¿Se refiere a una tercera persona ausente?


En estas épocas de agitación agregale el calor y diciembre, en que cualquier frase puede disparar catástrofes y peleas sin sentido, (fenómeno que se extiende a  la ciudad y al país en general), la cara de Mono con pandereta es una herramienta vital de supervivencia.


Hay personas con las que no se debe discutir, por ejemplo con la depiladora que tiene el poder de poner cera caliente en tu entrepierna, o el odontólogo, que te tiene sumisamente bajo el torno. En esos casos, ante una opinión contraria a la propia, aconsejo poner cara de poker, de A4 (hoja en blanco) o  de mono musical mientras que para sus adentros canta el asarejé o “dale a tu cuerpo alegría Macarena”.


Lo mismo vale para jefes, directivos, usuarios, compañeros incluso familiares, este 24.


Y ustedes ¿Se enganchan en las conversaciones o tienen la capacidad de fingir demencia? Los leo. 


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