El burro hablando de orejitas


Fin del cuatrimestre. Locura de trabajos y entregas. Para los alumnos y también para los docentes que debemos corregir todo eso enviado a última hora, todo junto.

De los autores de “Profe, no se me ocurre nada” llega en esta época el “Profe, denos más días para la entrega, no lleeeeeego” y el remate infaltable “es que usted nos pide mucho”.

Todos estamos con la sensación de venir corriendo de atrás y no llegar a tiempo, y no hay nada más gratificante que tirarle la culpa a otro. El gran problema es que también soy alumna y por supuesto estoy muy tentada de decirle lo mismo a mis propios docentes o, lo que es peor, a mis propios alumnos: “Denme más tiempo para corregir, no llego, es que ustedes me mandan mucho”.

La cosa es que, a fuerza de ser sinceros, en lugar de “Lo que pasa es que no tengo tiempo” la verdadera frase debería ser “Tuve otras prioridades”.

¿Cuántas horas vi series que ni me acuerdo? Las mismas que ahora me faltan para terminar el trabajo. ¿Cuántas siestas bien merecidas y muy bien aprovechadas me dormí en el último cuatrimestre? Las mismas que me toma corregir todo hasta tenerlo al día. ¿Cuántos termos de mate y chismoteo con mi amiga? Los suficientes como para poder entregar lo adeudado en tiempo y forma.

Todo lo que sigue a un pero …. o a un lo que pasa es que…. es una excusa. Siempre. Es una justificación. “Lo quiero hacer, pero…” “Quise llamarte lo que pasa es que…” puro chamuyo.

Aquí viene la segunda parte, cuando me doy cuenta que es mi responsabilidad cómo y en qué uso mi tiempo. Le siguen las falsas promesas de hacerlo mejor la siguiente vez, el próximo cuatrimestre, el próximo curso, el próximo año. Algo tan real como empezar la dieta el lunes pero que, al menos, evita nuestra imagen de rodillas suplicando una prórroga.

¿Cuantas veces mentís por día? A continuación me aventuro proponiéndoles un video en el que reflexiono sobre el autoengaño: No mentirás.


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