Yo te juzgo


Todos prejuzgamos, juzgamos y sentenciamos. Cada vez que hacemos una afirmación tal como “mi comisión directiva no me apoya” “mi jefe me odia” “los chicos no leen” “Los padres no se involucran”, estamos juzgando. Ahora bien, para co-crear, para construir, necesitamos diálogo y una afirmación no lo favorece. Aquí hay dos herramientas útiles para trabajar con otros.

#1 Signos de pregunta

Una afirmación no da pie a una contestación. Es más, se percibe como una agresión, quien escucha atina a defenderse o a contraatacar (y les aseguro que nadie quiere ver un Aries mal aspectado con un conurbano retrógrado contraatacando).

Sin embargo, cuando esa misma afirmación va entre signos de pregunta, estoy invitando a mi interlocutor a contarme su posición y yo estoy dispuesto a escuchar:

¿La comisión directiva apoya este proyecto? ¿Usted me odia? ¿Por qué no se involucran?

Probablemente nos sorprendamos con la respuesta. Quizá estemos equivocados, o se nos escaparon situaciones que desconocemos, o no estamos enterados de algo.

Lo cierto, es que comenzamos a dialogar en lugar de ladrarnos mutuamente.

#2 A quien corresponda

Contarle a un tercero es mera catarsis, no soluciona nada y se agrandan los supuestos a medida que le agregamos otras sentencias ajenas. De esta forma, preguntarle directamente a un niño ¿Por qué no lees?, a un padre ¿Por qué no se involucra?, a un jefe ¿Por qué me odia? o a un integrante de la Comisión directiva ¿Usted apoya este proyecto? Puede traernos las respuestas a nuestros desvelos, pistas para construir soluciones viables.

Lo mismo corre a la hora de hablar de terceros. Siempre referirse en primera persona, de lo que me pasa a mí, la forma en que lo percibo. Además negarnos a acotar (quizá esta sea la parte más difícil) cuando alguien nos viene a contar algo sobre una situación ajena.

Las redes están repletas de “acotadores seriales” sobre todo tema y situación, que afirman en lugar de preguntar, sentencian en lugar de construir. Está en nosotros ser parte del problema o de la solución.

La buena noticia es que estas dinámicas y buenas prácticas son contagiosas. Una vez que se las pone en juego y dan buenos resultados, el entorno hace lo mismo y, al fin y al cabo, contribuimos al buen desarrollo de nuestras comunidades, base de toda biblioteca.


Pd: Tengo una tía jueza. Esa foto está tomada en el aula magna de la Universidad de Derecho de la UBA, en esos asientos imponentes, donde puse su cara para demostrar que somos muy parecidas.

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